Para negocios que llevan años de pie y quieren que su página también. Sin panel, sin complementos, nada que se pueda descomponer.
Le das clic al link que tienen en Facebook y no pasa nada. Nadie renovó el dominio y el sitio se apagó sin avisar. Lo que queda es un negocio abierto que en internet se ve cerrado.
En el rango de precio donde vive tu negocio, lo normal es comprar una plantilla y cambiarle las fotos. Funciona, y se nota. Esto es contra lo que compites cuando alguien abre tu página junto a la del de enfrente.
Nada en internet lo es, y quien te lo prometa te está vendiendo algo. Lo que sí es cierto es más aburrido y más útil: tu sitio no tiene panel de administración que alguien pueda forzar, ni complementos de terceros que se queden sin actualizar, ni base de datos que consultar. Son archivos servidos tal cual.
No es que sea invulnerable. Es que tiene muchas menos puertas — y las que más se usan para entrar en un WordPress, aquí simplemente no existen.
Un sitio no se puede hacer a la medida si no se sabe la medida. Antes de abrir el editor reviso estas cuatro cosas, y de ahí sale la estructura — por eso ninguno de mis sitios se parece a otro: ningún negocio se parece a otro.
No es lo mismo un lugar donde se pide en la barra que uno que vive del domicilio o que trabaja con cita. Eso decide qué botón va arriba de todo y cuál ni existe.
El menú y el precio, el horario, si hay estacionamiento, si hay opciones sin gluten, cómo llegar. Lo que la gente pregunta por WhatsApp es exactamente lo que debe estar en la página.
Fotos, menú, logotipo, reseñas, la carta impresa. Casi siempre hay más material del que la gente cree, y casi siempre está tirado en un chat.
No el eslogan: la razón real por la que alguien te elige sobre el de enfrente. Eso es lo primero que debe ver quien abre tu página, y es distinto en cada negocio.